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bnamericas.com.- La idea de contar con energía nuclear ha logrado un mayor apoyo en Latinoamérica durante los últimos 10 años. Es energía base -con generación las 24 horas del día, los 365 días del año- y no emite dañinos gases de efecto invernadero, importante en una época en que el cambio climático domina el debate internacional.
Puede entregar una significativa capacidad de generación confiable a lo largo de muchas décadas, como lo han demostrado las instalaciones Angra en Brasil, Laguna Verde en México y tanto Embalse como Atucha en Argentina. Además los avances tecnológicos y regulatorios han significado que eventos como los ocurridos en Chernóbil y Three Mile Island se hayan transformado solo en un recuerdo distante.
Hasta la semana pasada.
La cifra de víctimas que dejó el terremoto y posterior tsunami en Japón sigue siendo desconocida, pero el desastre nuclear derivado de la tragedia y las noticias que ha visto el mundo entero -la columna de humo que sale de los inutilizados reactores 3 y 4 de la planta Fukushima Daiichi, las imágenes de hombres usando trajes blancos protectores mientras revisan a los aterrorizados ciudadanos en busca de indicios de radiación, la solicitud por parte de algunas naciones europeas para que sus ciudadanos abandonen Tokio ante la amenaza de un desastre nuclear, y el inédito discurso del emperador Akihito a su pueblo- ha despertado nuevos temores respecto a que la energía nuclear, simplemente, no es segura.
En Chile, donde los planes para el desarrollo de la energía atómica se han reforzado en años recientes, a menudo se ha usado a Japón como ejemplo para enfatizar lo seguro que resulta construir plantas nucleares en zonas sísmicas.
Pero ahora el mundo se pregunta, si Japón no puede desarrollar energía nuclear de manera segura, ¿quién puede?
La energía nuclear seguirá jugando un rol dentro de la matriz energética de la región. Las autoridades brasileñas ya han dicho que entregarán apoyo a los planes actuales al respecto. Los expertos de todo el mundo se apresuran en indicar que los reactores japoneses eran únicos y antiguos. Ahora los reactores pueden enfriarse sin necesitar de generación energética de respaldo o la participación de humanos. Toda forma de generación de electricidad tiene un impacto ambiental y los grandes proyectos de generación siempre estarán propensos a sufrir desastres.
Pero lo que queda claro, es que con la energía renovable, esta clase de eventos no ocurriría. Como algunas personas se apresuraron en afirmar, los parques eólicos en Japón ubicados tanto en el mar como en tierra resistieron el desastre. En Chile, los proyectos de energía renovable continuaron con su generación después del terremoto registrado el 27 de febrero del 2010.
El potencial dentro de Latinoamérica es enorme. En la Patagonia, los factores de capacidad eólica exceden los de países como España, que en ciertos días genera la mitad de la electricidad que necesita a partir del viento. El desierto de Atacama recibe más radiación solar que cualquier otro desierto del mundo: un estudio realizado por parte de la Comisión Nacional de Energía de Chile, junto a la compañía alemana GTZ, reveló la existencia de un potencial energético superior a 200GW en un área de 4.000km2 en Atacama, suficiente para cubrir las necesidades energéticas de Sudamérica.
La industrialización de los países necesita energía eficiente, a un precio razonable. También se estima que la demanda energética en Latinoamérica aumentará dentro de la década siguiente. Si bien en varias partes de la región la energía renovable se sigue viendo como algo poco rentable, solo basta con ver los eventos recientes para darse cuenta de que los costos de los combustibles fósiles son impredecibles.
Asimismo, los derrames de petróleo, los accidentes en minas de carbón y con el gas natural, y posiblemente también los accidentes en centrales nucleares seguirán teniendo costos ambientales y económicos impredecibles. Pero el sol, el mar, los ríos y el viento no cambian. Y gracias al rápido desarrollo de la industria renovable en Europa y China, los costos están bajando. Efectivamente, antes de la crisis, los inversionistas recibieron retornos de dos dígitos en el sector eólico en varias partes del mundo, mientras que la energía solar podría considerarse como una solución competitiva en costos en tan solo un par de años más. Junto a las señales regulatorias adecuadas, la energía renovable podría transformarse en un complemento importante para la energía base en Latinoamérica durante esta década. El momento para actuar es ahora.
Christopher Lenton.
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